Aceites La Maja

5 recetas de origen navarro que cambian con un buen aceite de oliva

Aceites La Maja
diferentes platos


La cocina navarra tiene una ventaja que casi ninguna otra tiene: casi todo lo que necesita crece a la vista del pueblo. En un radio de pocos kilómetros alrededor de Mendavia se cultivan el Pimiento del Piquillo de Lodosa, el Espárrago de Navarra, la Alcachofa de Tudela, el cordero, la ternera, el melón, la vid y el olivo. Once denominaciones de origen y figuras de calidad reconocidas conviven en el mismo término municipal, el que más de toda España.

Eso tiene una consecuencia práctica en la sartén: aquí el aceite nunca fue un producto que llegara de fuera para "aliñar" al final. Era un ingrediente de la misma huerta y de la misma temporada, y las recetas se construyeron contando con él desde el primer paso.

Estas cinco lo demuestran. Van con su paso a paso, su truco y el aceite de La Maja que mejor le sienta a cada una.


1. Pimientos del piquillo de Lodosa asados

Temporada: septiembre y octubre. El piquillo de Lodosa se recoge tarde y se asa entero, y la variedad tiene una particularidad que explica su fama: la carne es fina pero firme, y al asarse se despega de la piel sola.

Cómo hacerlo: brasa u horno muy fuerte, dando vueltas hasta que la piel se levante y se tueste por manchas. Sacar a una fuente, tapar con un paño diez minutos —el vapor acaba de despegar la piel— y pelar con las manos y en seco. Es la parte importante: si los pasas por el grifo, se van con el agua el jugo y la mitad del sabor. Quitar el rabo y las pepitas, dejarlos en la fuente con su propio caldo, un diente de ajo en láminas, sal y aceite. Reposo de una hora antes de comer. Al día siguiente están mejor.

Aquí el aceite tiene que aportar contrapunto, no acompañar: el piquillo es dulce y carnoso, y con un aceite suave el plato se queda empalagoso. Necesita algo herbáceo y con amargor que le haga frente.

El aceite: La Maja Arróniz, monovarietal ecológico con DOP Aceite de Navarra. Alcachofa, tomatera y almendra amarga, con un picante final elegante. El aceite de la misma tierra que el pimiento — literalmente.

pimiento piquillo

Truco: templa el aceite con el ajo laminado a fuego muy bajo, sin que llegue a freírse, y viértelo por encima aún tibio. El aroma se abre de golpe y el ajo se integra sin dominar.


2. Menestra de verduras de Tudela

La huerta navarra en un plato. Alcachofa, espárrago, borraja, guisantes, habas, acelga, zanahoria — cada una cocida por separado, en su punto exacto, y unidas al final. Es una receta de paciencia, no de dificultad.

La menestra tudelana tradicional se termina con un sofrito ligero de ajo y jamón y, sobre todo, con aceite en crudo justo antes de servir. Ese último gesto es el que la levanta: sin él, las verduras cocidas se quedan planas.

El aceite: La Maja Edición Limitada Arbosana (botella roja). Notas de hierbas verdes, manzana y tomate. Es el monovarietal de nuestra edición de autor pensado precisamente para ensaladas y verduras.

menestra de verduras

Truco: guarda un poco del agua de cocción de la alcachofa y añádela al sofrito final. Ligada con el aceite, crea una salsa muy sutil que envuelve la verdura sin taparla.


3. Ajoarriero navarro

El clásico de los clásicos, y una receta que nació de la necesidad: los arrieros cruzaban Navarra con mulas y solo podían llevar lo que no se estropeaba en el camino — bacalao en salazón, ajo y aceite. Todo lo demás se lo daba el pueblo donde paraban.

Cómo hacerlo: desalar el bacalao 36–48 horas en la nevera cambiando el agua tres veces. Desmigarlo a mano, siguiendo la lámina, nunca con cuchillo. Aparte, un sofrito lento de ajo y pimiento choricero, y patata cocida y aplastada con tenedor. Se junta todo en la cazuela a fuego suave y se trabaja añadiendo el aceite en hilo fino, removiendo siempre en la misma dirección, hasta que la mezcla se vuelve una crema untuosa y brillante.

Y aquí está lo interesante: el ajoarriero es la prueba más honesta que existe para un aceite. La textura depende de que emulsione con la gelatina del bacalao y el almidón de la patata. Con un aceite refinado o cansado, la crema se corta o se queda grasa. Con un aceite vivo, liga y brilla.

El aceite: Alfar La Maja, arbequina verde de primera extracción en frío en menos de 12 horas. Frutas verdes y hierba fresca, con cuerpo suficiente para sostener la emulsión.

plato ajo

Truco: guarda un poco del agua templada de desalar el bacalao. Si la crema se resiste a ligar, una cucharada devuelve la emulsión sin añadir grasa.


4. Pochas a la navarra

Temporada: finales de agosto a octubre. La pocha es la alubia blanca recogida tierna, cuando la vaina ya está pasada pero el grano todavía no se ha secado. Ese punto dura pocas semanas al año, y es lo que hace que no necesite remojo y se cocine en poco más de media hora.

Cómo hacerlo: las pochas se cubren de agua fría con cebolla, pimiento verde y zanahoria enteros, y un chorro de aceite desde el principio. Fuego muy suave: en Navarra se dice que "no tienen que romper a hervir, tienen que cantar". Si burbujean fuerte se rompen y sueltan la piel. A media cocción, sal —nunca antes, que endurece la piel— y un sofrito ligero de ajo y un poco de pimentón que se vuelca en la cazuela. Fuera del fuego, otro chorro de aceite en crudo.

Lo que separa unas pochas buenas de unas normales es la textura del caldo: tiene que quedar cremoso sin harina y sin triturar. Eso lo consigue el propio almidón de la alubia ligado con el aceite, y por eso el aceite entra al principio y no solo al final.

El aceite: MiOliva, arbequina verde-madura. Suave, dulce y fluido — nuestro aceite de uso diario, el que acompaña un guiso de cuchara sin robarle protagonismo.

Truco: si el caldo queda suelto, saca un cazo de pochas, tritúralas y devuélvelas a la cazuela. Y muévelas siempre agarrando el asa y haciendo vaivén, no con cuchara: así no se rompen.

pochas



5. Cordero al chilindrón

El plato de las celebraciones. Cordero de Navarra troceado, dorado en aceite y guisado despacio con la santísima trinidad de la Ribera: cebolla, tomate y pimiento —seco y fresco—, más ajo y un chorro de vino.

Aquí el aceite trabaja en dos tiempos. Primero, en el dorado: si la temperatura y el aceite son buenos, el cordero sella y guarda su jugo dentro. Después, en el sofrito, que es donde el chilindrón se construye de verdad — lento, sin prisa, hasta que el pimiento se deshace.

El aceite: La Maja, nuestro coupage anual de arbequina y arróniz con DOP Aceite de Navarra, en edición limitada. Aroma complejo y sabor elegante, para el plato en el que sí importa que se note.

Truco: el chilindrón siempre está mejor al día siguiente. Hazlo la víspera, deja que repose y recaliéntalo suave. Y añade un hilo de aceite en crudo al servir, aunque el plato ya lleve aceite en la cocción — son dos funciones distintas.

cordero chilindron



Lo que tienen en común estas cinco recetas

Ninguna es complicada y ninguna lleva un ingrediente raro. Pero en las cinco hay un patrón que merece la pena señalar: el aceite entra dos veces, y hace dos trabajos distintos.

En la cocción trabaja como medio. Transmite el calor, dora, funde la cebolla, sella la carne, y en el camino se lleva parte de sus aromas — el calor destruye los compuestos volátiles que hacen que un buen aceite huela a hierba o a manzana. Eso no es un problema: es lo que toca.

En crudo, al final, trabaja como ingrediente. Ahí el aceite llega intacto y aporta aroma, frescura y una textura que ninguna otra grasa da. Es el chorro que la mayoría de la gente se ahorra "porque el plato ya lleva aceite", y es exactamente el que se nota.

Si solo te llevas una cosa de este artículo, que sea esta: echa el segundo chorro. Fuera del fuego, con el plato ya montado, y con un aceite que valga la pena. Es la diferencia entre un plato correcto y uno que alguien te pide que repitas.

Y si quieres empezar por algo esta semana, los piquillos asados. Están en temporada ahora mismo y en veinte minutos lo entiendes todo.

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